ACCIÓN Y REACCIÓN: LO FÍSICO ES LO HUMANO

Pablo Burgos lleva años dedicado al estudio de la imagen de la masculinidad gay. En su investigación como estudiante de doctorado en la Facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU, pudo revisar los diferentes tipos de imágenes que han tenido lugar a lo largo de la historia para representar el cuerpo masculino. Desde los estereotipos de belleza a través de cuerpos atléticos o heroicos, que conformados en la antigüedad clásica siguen hoy vigentes en la publicidad, hasta las más diversas apariencias que en su particularidad cada individuo adopta al mostrarse en las páginas de contactos homosexuales que existen en Internet.

Son muchos los aspectos que han cambiado de manera muy significativa en las últimas décadas. La revolución de las tecnologías de la información ha traído consigo maneras antes impensables de establecer comunicación; nuevos modos de relacionarse, conocerse, intimar, partiendo desde el más absoluto desconocimiento, desde la distancia antes insalvable. A la vez, la reconsideración del cuerpo, de la homosexualidad, la defensa de las libertades incluyendo decididamente la sexual, han sido agentes transformadores en lo social. Todo este universo es el que ha rastreado Pablo Burgos, que convirtió en objeto de investigación la infinidad de imágenes, que como posibles construcciones de la identidad gay, pueblan los medios de comunicación. Las páginas de contacto fueron objeto preferente. El acceso a la tecnología ha convertido en tarea fácil el que cualquier sujeto que se lo proponga pueda configurarse en imagen, se reconstruya a sí mismo, se exhiba, se ofrezca a las miradas de otros; en este caso a la del investigador. Este podrá así analizar el cuerpo, el gesto, la pose, la escena, el uso de los recursos técnicos, junto a los cánones, los estereotipos, o el sentido de pertenencia a un grupo. Todos ellos, factores que se conjugan en la operación por la que el individuo se convierte a sí mismo en imagen.

El motivo que ahora nos reúne participa del mismo carácter investigador, le guía la misma curiosidad, los mismos intereses. Esta exposición está perfectamente imbricada en el trabajo que Pablo Burgos viene realizando. Tras la amplia revisión de las páginas de contactos gay en Internet, el autor convierte ahora el cruising en uno de los temas que desarrolla a través de su proyecto artístico. En la práctica del cruising, el contacto sexual se produce desde el anonimato, sin apenas presentaciones ni conocimiento previo, deambulando por determinados espacios públicos como playas, parques, descampados; cualquier sin lugar puede ser el escenario donde satisfacer sin compromiso el deseo sexual. Como en los contactos de los internautas, quien practica el cruising mantiene una actitud de acecho, de seguimiento; está en alerta, buscando cruces que propicien el encuentro. Mientras el internauta sigue el hilo en la virtualidad de las imágenes, en el cruising el caminante pone en marcha el cuerpo bajo el impulso de interceptar físicamente al otro.

De ahí los espacios representados en pinturas y dibujos: paisajes de dunas, pasarelas y escaleras en la arena; pero también de manera más metafórica los esquemáticos dibujos de laberintos que se solapan en la construcción de las escenas. También de ahí los problemas de geometría plana -ejercicios de tangentes- donde la recta, no se sabe si por necesidad o quizá por azar, consigue tocar al círculo; como si se cruzara en un contacto tan buscado como esporádico, sin necesidad de dejar huella, en un círculo igual de perfecto después de tocado.

Es característica del procedimiento utilizado en los trabajos mostrados en esta exposición la acumulación de soportes, de papeles más o menos transparentes encolados o pegados con apariencia a veces provisional. Son soportes que muestran a la vez que ocultan, que juegan entre lo visible y lo invisible, que permitan yuxtaponer la figura humana –masculina- a los retazos de paisaje –la costa, el jardín- y a la vez mostrar los gráficos o las fórmulas extraídas de la física clásica. Son los principios físicos de los que nadie podemos escapar, ya sean las leyes de la termodinámica o esa otra ley que viene sonando en todas las radios: acción, reacción, repercusión.

Nunca una ley fue tan simple y clara (canta Macaco). Los dibujos y pinturas de esta muestra reflejan esa preocupación por los principios físicos que nos rigen, que condicionan si no determinan nuestros comportamientos. Cada dibujo, cada pintura, representa no sólo metafóricamente, sino que explora las posibilidades físicas de la materia. Por eso está presente tanto el dibujo cuidadosamente terminado, enmarcado, fechado y firmado, que aparece solidificado en su cápsula, como los papeles tratados en su mayor fragilidad. Aparecen fragmentos de periódicos evidenciando el carácter transitorio y efímero, perecedero, junto a papeles transparentes u opacos, fijados con adhesivos removibles, que cualquiera podría quitar y poner, sustituir, modificar según deseo o circunstancia. Al lado de la fijeza, la seguridad que parecen transmitir algunos dibujos en sus marcos, surge la inestabilidad de los papeles que se acumulan, a merced de una indecisión que pudiera arrancarlos o encolarlos. Surgen también las leyes propias del procedimiento mediante la cual los materiales se curvan, arrugan, o transparentan. Leyes físicas que de nuevo podrían ser metáfora del comportamiento humano.

La representación del cuerpo mantiene muy diferentes niveles de presencia. Son muchas las piezas en que los cuerpos, en su transparencia, insinúan su desmaterialización. Dejan ver a través de sí, permiten los solapamientos, las simultaneidades; incluso nos permiten leer frases que tiñen el sentido. La investigación de Pablo Burgos, consolidado ya en proyecto de Tesis, se centra ahora en la ausencia del cuerpo. Una vez examinadas las posibilidades de identidades gay construidas desde los propios cuerpos configurados en imágenes, una observación atenta de algunas figuras clave del Arte de las últimas décadas, nos sitúa ante concepciones mucho más intimistas, miradas introspectivas, más allá de las presencias corporales.

Esta exposición también rastrea la presencia del cuerpo mediante su ausencia. La sintonía del Hombre y la Tierra nos sitúa ante un paisaje activo, en tenso equilibrio. Nos trae a la memoria quizá al ave rapaz volando hasta caer en picado sobre su presa, o al felino preparado para el salto, o al ratón acechado por la serpiente. Sirve también como sintonía para el internauta en busca de contacto, o para acompañar el estado de alerta que mantiene el practicante de cruising en su deambular. En la sala sólo están presentes los zapatos, que posicionados, hablan de los cuerpos y sus relaciones. El espectador  camina entre las presencias, forzándose a observar la acción del caminante, auditivamente envuelto en la aventura de un ecosistema vivo.

Investigación y creación van de la mano en este proyecto. Como vasos comunicantes intercambian materias primas, acciones, procesos de pensamiento. El trabajo de Pablo Burgos se arriesga a profundizar tanto en lo personal (que es lo político, decía el lema de los 60) como en el Arte (en su materialidad y complejidad contemporáneas). De ahí que los dos ámbitos resulten igual de imprescindibles: el de la investigación universitaria y el del taller de Arte. La relación es sin duda fructífera; de ambos se nutre el trabajo presentado en esta exposición.

 

Rita Sixto Cesteros

Profesora titular de la UPV/EHU